Los pueblos Nahuas de Tlaxcala, parte 1 de 3

Tlaxcala, con una superficie de 4 016 kilómetros cuadrados, es uno de los estados con mayor densidad poblacional, condición que se advierte si lo observamos de noche desde
las alturas de La Malinche o Matlalcuéyetl (“La de las faldas azules”), montaña insigne para los tlaxcaltecas y, en especial, para los pueblos de habla náhuatl que se asientan a lo largo de su falda occidental.

Localizada entre los llanos de San Juan y el Valle de Puebla, La Malinche forma parte del Sistema Volcánico Transversal. Su cima, que alcanza 4 461 metros de altitud, tiene forma de cresta dentada con varios picos, la cual se cubre de nieve durante el invierno; sus laderas se encuentran surcadas por barrancas profundas que radian su cima, en
donde crecen bosques de coníferas y árboles deciduos (en proceso peligrosamente acelerado de extinción, a causa de la mala práctica de los “ocoteros” y los leñadores mecanizados); asimismo, albergan algunas tierras de cultivo. Su falda —o pie de monte— es amplia y tendida, con algunos conos secundarios, como el Cuatlapanga. A este volcán se le ha llamado así en recuerdo de la famosa Malinche, pero su nombre original, Matlalcuéyetl (una de sus traducciones posibles es “Fuente azul”), le fue dado en honor de la diosa madre.

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Relacionada con Tláloc, el dios principal, corresponde con la deidad que en otros lugares se conoce como Chalchiutlicue, divinidad vinculada a la lluvia y la humedad. Si nos atrevemos a dar un vistazo desde esas alturas veremos cómo la mayoría de la población tlaxcalteca se concentra en forma abigarrada en la zona centro-sur del estado, en un corredor que va desde Santa Ana Chiautempan, hasta la cabecera municipal de San Pablo del Monte, colindante con las goteras de la ciudad de Puebla.

Tlaxcala es uno de los estados mejor comunicados del país. Un ejemplo de esto es el tendido férreo instalado en la ladera occidental de La Malinche —durante el gobierno porfirista del indígena Próspero Cahuantzin—, que hizo posible el florecimiento de la industria pulquera para pueblos con buenos tinacales como San Bernardino Contla, algunas haciendas (Concepción Abaroa, Xaltelulco, Tzitzimapan y San Nicolás Tochapa) y ranchos (como Zacatzontetla, el más alto, a 2 874 metros.

Cuando las tropas de Cortés entraron a territorio de Tlaxcala fueron recibidas de manera agresiva por un numeroso contingente de otomíes, comandados por Xicohtencatl Axayacatzin, hijo del señor de Tizatlán, Xicohtencatl “El Viejo”.