La NASA y el reloj de otro mundo: Parte 1

Foto: Cuando el rover Perseverance de la NASA aterrizó en Marte el 18 de febrero de 2021, parte del equipo de la misión en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA comenzó a vivir en tiempo marciano para ir a la par del robot. Créditos: NASA/JPL-Caltech

(NASA).- Son las nueve de la mañana de un nuevo sol: otro día en Marte. En el cráter Jezero, donde hace miles de millones de años corría un río, un científico de seis ruedas despierta. Sus colegas terrestres han dejado todo en orden para que empiece su jornada de trabajo en el planeta rojo.

Cuando el rover Perseverance se posó sobre el suelo marciano el 18 de febrero de este año, un grupo de científicos aquí en la Tierra empezó a regirse por el tiempo de otro mundo.

Durante cerca de tres meses, los días del equipo de superficie de la misión Mars 2020 Perseverance de la NASA pasaron a tener 24 horas y 39 minutos (lo que dura un día en Marte) y sus turnos de trabajo debieron ajustarse diariamente para poder comunicarse con el robot marciano. El objetivo era que cada mañana, cuando Perseverance se despertara ya tuviera toda la información necesaria para emprender su misión científica.

Vivir en horario marciano sin salir de la Tierra no es tan simple como calzarse en la muñeca un segundo reloj. Para sincronizarse con el rover -y más tarde con el helicóptero marciano Ingenuity-, los turnos deben moverse al ritmo de los cuatro orbitadores del planeta rojo que el equipo usa para comunicarse con Marte. A partir del momento en el que las ruedas de Perseverance tocaron tierra, el horario empezó a moverse.

Diana Trujillo, directora de vuelo de superficie para Perseverance en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) en el sur de California, empezó su primer turno en horario marciano el domingo 21 de febrero cuando allí era la 1:15 de la tarde. Al otro día, el turno arrancó a las 6 de la tarde y terminó a las 5 de la mañana. Los largos horarios de trabajo fueron variando, y el cansancio se hizo sentir.

“Tu cuerpo no sabe exactamente cuándo dormir”, dice la ingeniera aeroespacial. Para intentar tener un poco de consistencia, en muchas ocasiones después de terminar un turno de madrugada prefería quedarse despierta hasta que saliera el Sol. A veces, en ese limbo entre el fin del trabajo y el amanecer, Trujillo grababa las presentaciones del programa de NASA en español Los martes de Marte, un resumen semanal de la misión del que se emitieron ocho episodios.

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Esta no era la primera vez que Trujillo se ajustaba al horario marciano; lo había hecho hace casi una década, para acompañar al anterior rover de la NASA en Marte, Curiosity. Esa primera experiencia le dejó una lección valiosa. “Aprendí a no estresarme contando las horas, calculando cuánto iba a poder dormir cada vez”, dice. Eso no significa que el cambio de horario haya sido simple. “En algún momento empiezas a pensar, ¿cuánto tiempo voy a poder hacer esto?”, cuenta. Recuerda haberse dormido parada durante un paseo por el parque con su marido en su día libre: “Puse mi cabeza en su hombro, cerré los ojos y me quedé dormida”.

Elio Morillo, ingeniero de pruebas y operaciones para Perseverance e Ingenuity, cuenta que en particular le fue muy difícil dormir de corrido una vez que se acostaba. En su caso, al horario cambiante se sumaba la ansiedad que viene con el trabajo en general. “Si el sueño se desajusta, se desajusta todo. Estás obligando a tu cuerpo a dormir cuando a lo mejor no quiere, a levantarse cuando a lo mejor no quiere,” explica. Según Morillo, no es que cambia el ritmo: “es que no tienes ritmo”. Y eso dificulta aún más poder armarse una rutina para comer y hacer ejercicio más o menos a la misma hora todos los días, una medida que intentó implementar para estructurar sus jornadas.

Varios días después de regresar a horario terrestre, ambos seguían sintiendo en el cuerpo el efecto de ese jet lag que vivieron durante meses. “Pensé que iba a recuperarme en dos o tres días pero no he podido; llevo como una semana en la misma”, decía Trujillo al momento de la entrevista. “Acostumbrarse de nuevo a tratar de dormir horario normal, horas constantes, ha sido muy difícil”, coincidió Morillo.

La alteración del sueño y el cansancio que conlleva trabajar en turnos no tradicionales es un atisbo de lo que los astronautas experimentan en el espacio y podrían vivir en misiones de larga duración a la Luna y, más tarde, a Marte.

La NASA continúa estudiando las herramientas para mitigar esos efectos y así ayudar a que los astronautas que vivan y trabajen en Marte en el futuro puedan adaptarse al horario marciano. Las buenas noticias son que, aunque es difícil, es posible que el cuerpo humano se adapte al tiempo de rotación del planeta rojo.

Ir a contrarreloj

Los cambios en el sueño y la fatiga pueden ser señal de un desajuste en el ritmo circadiano, nuestro reloj biológico. Este es como un marcador del paso interno en la forma de un grupo de células ubicadas en el cerebro que básicamente le dicen a nuestro cuerpo qué hacer y cuándo.

Si pensamos en nuestro cuerpo como una sinfonía, el ritmo circadiano es el director de todos los instrumentos, explica la doctora Erin Flynn-Evans, psicóloga investigadora que lidera el Laboratorio de Contramedidas a la Fatiga en el Centro de Investigación Ames de la NASA en Mountain View, California.

La luz solar es el principal sincronizador del ritmo circadiano, permitiendo que nuestro reloj interno vaya a la par del reloj social de 24 horas. Por eso, cuando nuestros horarios están desfasados con el ciclo natural de luz-oscuridad, o día-noche, se produce un desajuste entre ambos relojes o, como le llaman los científicos, una desalineación circadiana.

Las personas que trabajan en turnos no tradicionales, como fue el caso de Trujillo y Morillo durante varios meses, conocen este fenómeno de cerca.

Si trabajas durante la noche y duermes durante el día, “estás tratando de trabajar en un momento en que tu cuerpo promueve el sueño y dormir cuando tu cuerpo promueve la vigilia”, dice la investigadora. El mantenerse despiertos durante la noche biológica lleva a mala calidad del sueño ya que, por lo general, las personas duermen de forma más fragmentada y tienen dificultades para volverse a dormir, explica Flynn-Evans.

Pero además de hacernos sentir somnolientos, cuando la desalineación circadiana es persistente puede producir otros efectos, como el deterioro cognitivo. En pocas palabras: empeora nuestro rendimiento.

La NASA estudia los casos más extremos de ritmo circadiano desalineado. El laboratorio que dirige Flynn-Evans investiga la forma en que la fatiga afecta a personas que realizan tareas complejas en aviación, vuelos espaciales y otras operaciones de misiones espaciales, así como en escenarios militares y operando vehículos autónomos. El objetivo es proponer medidas de mitigación de esos efectos e implementarlas, ya sea en el espacio o en nuestro planeta.

Un ejemplo reciente es el estudio que el laboratorio realizó con el equipo que enviará al rover VIPER de la NASA para explorar el polo sur de la Luna como parte del programa Artemis. El objetivo era determinar cuánto tiempo deberían descansar los conductores del rover lunar, que estarán en la Tierra. Los investigadores están analizando los datos del estudio para recomendar formas de programar el horario de los conductores y sus tareas.

Juego de luces

Un estudio en curso financiado por la NASA a bordo de la Estación Espacial Internacional utiliza luces que simulan la intensidad de la luz solar en el correr de 24 horas. Se espera que, al engañar a esas células en nuestros cerebros para que piensen que es una hora que no es, estas luces ayuden a la tripulación a evitar el desajuste del ritmo circadiano .

Jugar con luces también ayuda a misiones espaciales que se operan desde la Tierra, como VIPER. Durante la misión Phoenix Mars Lander (un aterrizador que la NASA lanzó a Marte en 2007 para investigar la historia del agua en el ártico marciano), Flynn-Evans formó parte de un equipo que proporcionó a los científicos e ingenieros que trabajaban en ese proyecto cajas de luz azul para ayudarlos a adaptarse a la hora marciana. La mayoría lo logró.

Estas luces han demostrado ser efectivas más allá de las misiones espaciales. Por ejemplo, ayudan a los pilotos de aerolíneas que tienen que volar en mitad de la noche o en la madrugada, cuenta Flynn-Evans: “Si los exponemos a una luz muy brillante, podemos ayudar alinear mejor su ritmo circadiano para que se sienta como si fuera más tarde o más temprano en su cuerpo”.

“El trabajo por turnos es difícil, pero probablemente no desaparecerá”, dice la investigadora. “Así que podemos usar algunas de las técnicas que hemos investigado en el espacio para ayudar a adaptarnos al trabajo de noche o en turnos no tradicionales”, explica.

Hacer historia

Trujillo considera que cada momento que su equipo pasa en el centro de control de misión de JPL, “estamos ayudando a la humanidad”. Dice que, a pesar del cansancio, “la adrenalina te toma por completo” y no hay lugar para el sueño.

La ingeniera compara la experiencia de vivir en tiempo de Marte con hacer rafting: “Te subes a la balsa y sabes que va a ser difícil. Pero, ¡nosotros podemos!”.

“Lo hemos hecho a lo mejor parecer tan fácil, ¿verdad? Porque lo hemos practicado tanto, hemos hecho tantas pruebas; hemos perdido mucho sueño a lo largo de los años”, dice Morillo. “La parte increíble de todo lo que hicimos técnicamente en Marte por primera vez fue espectacular”, asegura, y agrega: “Es increíble ser parte de la historia”.